Innovación en la foto, burocracia en el pago: la otra cara del emprendimiento en Chile.
Al emprendedor siempre se le exige más: innovar, arriesgar, moverse rápido, postular a fondos con plazos mínimos, rendir hasta el último peso. El Estado, en cambio, parece habitar otro calendario. Y esa contradicción está asfixiando la energía de quienes realmente sostienen el ecosistema: las pymes y los emprendedores de a pie.
En Chile, la regla son 30 días para que las compras públicas se paguen, aunque todos sabemos que muchas veces son 60 o más. Corfo y Sercotec exigen rendiciones casi inmediatas, pero luego se demoran meses en liberar reembolsos. Nos piden velocidad, pero responden con lentitud. Y mientras tanto, los emprendedores seguimos financiando con nuestra propia liquidez lo que el Estado demora en cumplir.
El contraste es brutal cuando miramos hacia afuera. En Reino Unido, los servicios públicos tienen la meta de pagar a las pymes en cinco días. Nueva Zelanda redujo su estándar a diez días, y para 2026 exigirá que el 95% de las facturas electrónicas se paguen en cinco días hábiles. En Australia, si envías una e-factura, te pagan en cinco días o devengan interés automático. Corea del Sur tiene un sistema que liquida pagos a las pymes en horas, no en semanas. Y en India, existe un mercado público de facturas donde los emprendedores pueden cobrar en 48 horas.
Mientras tanto, aquí seguimos atrapados en la lógica de los 30 días, como si fueran un privilegio, y no un freno.
La paradoja es clara: el Estado nos exige innovación, pero hacia adentro no innova. Nos pide creatividad y velocidad, pero se mueve con trámites del siglo pasado. Y en paralelo, en el Congreso se organizan shows simbólicos como “el día de las startups”, donde solo se invita a emprendimientos de vitrina, con financiamiento asegurado y sellos universitarios exclusivos. No se invita a las regiones, ni a los emprendedores que levantan sus proyectos desde universidades públicas, ni a quienes enfrentan la inercia sin padrinos detrás.
A ese fenómeno yo lo llamo Adolfo Ibañismo: una burbuja cool, de élite, que se presenta como la cara del emprendimiento chileno, pero que no representa ni a las regiones ni a la realidad de la mayoría.
La innovación real no está en esas vitrinas. Está en pagar antes de 30 días. En que un emprendedor no tenga que hipotecar su presente esperando un reembolso. En que el Estado practique lo mismo que predica.
Porque la innovación de verdad empieza por algo tan simple como cumplir a tiempo. Todo lo demás es pirotecnia.

