¿Es posible emprender en un país sin democracia? Reflexión de Velastino desde AEROH tras su paso por el programa Más para Chile.

¿Se puede emprender en un país sin democracia?

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La pregunta puede parecer provocadora, pero es urgente. En un contexto donde las fake news, el populismo y el desencanto erosionan los pilares institucionales, me lo pregunto en voz alta: ¿podemos emprender libremente en un país donde la democracia se debilita? Mi respuesta es clara: NO. Emprender requiere más que creatividad; necesita Estado de derecho, acceso a información veraz, libertad de asociación y condiciones justas. Sin democracia, el emprendimiento se vuelve frágil, condicionado y precario.

Participar como uno de los 100 becados del programa Más para Chile, impulsado por la Universidad de Chile, la Universidad Católica y la red Democracia+, ha sido una experiencia que reafirma esta convicción. En solo tres días, en San Felipe, 2 meses con clases online y un fin de semana de cierre en Pirque, viví un espacio de formación democrática real, donde se dialoga entre visiones distintas, se construyen acuerdos y se entiende que el país necesita liderazgos nuevos, más éticos y mejor preparados. Este programa no es solo una escuela: es una esperanza concreta para el futuro de nuestra democracia.

Desde mi rol como Presidente de AEROH, la Asociación de Emprendedores de la Región de O’Higgins, he planteado con fuerza que los emprendedores somos una nueva clase social. No somos grandes empresarios ni trabajadores tradicionales. Somos quienes sostenemos la economía local, muchas veces sin acceso a protección social ni representación política. Y como clase, tenemos derecho a organizarnos, a opinar, a incidir.

Pero aún cuesta que los emprendedores hablen de política. Nos enseñaron que debíamos mantenernos neutrales, “no mezclar las cosas”. Pero eso es parte del problema. Porque cuando los emprendedores no opinan, otros deciden por ellos. Y cuando no defendemos la democracia, nos arriesgamos a perder las condiciones básicas que permiten que nuestros negocios, y nuestras comunidades, prosperen.

Hablar de democracia no es hacer campaña, es defender las reglas del juego. Es valorar que podamos disentir, votar, organizarnos y exigir. Es entender que sin estas garantías, el acto mismo de emprender se convierte en una ruleta, donde solo ganan unos pocos.

El programa Más para Chile me demostró que se puede construir un espacio de diálogo y formación para quienes queremos ejercer liderazgo con convicción democrática. Y desde esa misma convicción, llamo a mis colegas emprendedores a despertar políticamente, a levantar la voz, a participar activamente en el diseño de nuestras ciudades, de nuestras ferias, de nuestros territorios.

Opinar también es emprender. Participar también es construir. Y fortalecer la democracia es, quizás, la inversión más importante que podemos hacer para asegurar que nuestro trabajo tenga futuro.

Porque si no hablamos nosotros, hablarán los de siempre. Y pocos de ellos saben lo que es vender en una feria, golpear puertas con una idea, o apostar por un sueño con los bolsillos vacíos pero con la convicción intacta.

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