Pingüino de Humboldt en la costa chilena, símbolo de conservación y educación ambiental.

El pingüino de Humboldt: una lección urgente para nuestras aulas

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En las costas rocosas del norte de Chile, desde la Región de Atacama hasta la de Valparaíso, vive un habitante singular: el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti). Reconocible por su franja negra en el pecho y su andar torpe en tierra, es, sin embargo, un nadador formidable y un indicador sensible de la salud marina.
 
Hoy su población está en retroceso. Las causas son múltiples: la pesca industrial que compite por su alimento (anchovetas y sardinas), la extracción de guano que destruye sus nidos, el turismo mal regulado que interrumpe su reproducción, y el avance del cambio climático que altera corrientes y disponibilidad de peces. A esto se suman depredadores introducidos, como perros y gatos, que arrasan con sus huevos y polluelos.
 
No basta con que esta realidad quede en los informes de conservación. La amenaza al pingüino de Humboldt es también un asunto educativo. Y aquí, el sistema escolar chileno tiene herramientas reales para actuar.
 
Las Bases Curriculares del Ministerio de Educación, desde 1° básico hasta 4° medio, contemplan Objetivos de Aprendizaje relacionados con la comprensión de los ecosistemas, la biodiversidad y el impacto humano sobre el medioambiente. Sin embargo, estas metas suelen abordarse de forma abstracta, desconectada de ejemplos concretos de fauna chilena.
 
¿Por qué no usar el caso del pingüino de Humboldt como un hilo conductor pedagógico?

Propongo tres acciones plausibles y aplicables:

1. Proyectos interdisciplinarios en Ciencias Naturales y Lenguaje:
  • En Ciencias, investigar el ciclo de vida del pingüino, su rol ecológico y amenazas.
  • En Lenguaje, redactar cuentos o crónicas ambientales protagonizadas por la especie.
  • Esto se ajusta a los OA que piden relacionar la ciencia con la vida cotidiana y fomentar la comunicación de resultados.
2. Trabajo de campo o virtual con enfoque local
  • Salidas pedagógicas a áreas costeras protegidas o, cuando no sea posible, visitas virtuales a reservas como Punta de Choros o Isla Choros.
  • Vinculación con el OA de Geografía y Ciencias Sociales sobre el reconocimiento del patrimonio natural del país.
3. Ciencia ciudadana escolar:
  • Uso de plataformas como iNaturalist para registrar avistamientos (directos o por terceros) y contribuir a bases de datos de conservación.
  • Esto integra competencias digitales, pensamiento crítico y participación activa, todas contempladas en el currículum.
El pingüino de Humboldt no es solo un animal simpático que adorna folletos turísticos. Es un espejo de nuestra relación con el mar y un termómetro del impacto humano. Incorporar su historia en las aulas no es “añadir contenido”, es cumplir con lo que el currículum ya manda: formar estudiantes conscientes, capaces de interpretar su entorno y actuar para cuidarlo.
 
Si logramos que un niño de Quillota, Arica o Santiago entienda que su consumo, sus decisiones y su voz afectan a un ave que nunca ha visto en persona, habremos dado un paso importante. Porque en la educación ambiental, como en la vida marina, cada corriente cuenta.

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