Montaje imaginario de Leonardo da Vinci acompañando a jóvenes emprendedores en la Universidad de O’Higgins.

Leonardo da Vinci sería emprendedor y estaría en AEROH

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Durante el Renacimiento, los gremios eran mucho más que asociaciones laborales. Eran espacios de formación, comunidad y legado. Un joven aprendiz no solo aprendía a tallar madera o mezclar pigmentos: aprendía un oficio, un lenguaje, una ética y una forma de mirar el mundo. Y lo hacía junto a un maestro que no solo enseñaba técnicas, sino que traspasaba sentido.

Así fue como Leonardo da Vinci comenzó su camino, bajo la tutela de Verrocchio, uno de los grandes artistas y formadores de su época. Y luego, cuando le tocó a él ser maestro, no dudó en abrir su taller, compartir sus cuadernos, sembrar curiosidad. Porque en los gremios del Renacimiento, el saber no era un capital para guardar, era un fuego para expandir.

Hoy, a siglos de distancia, esa llama sigue viva. Y lo veremos este 13 de agosto en la Universidad de O’Higgins, donde gracias al trabajo conjunto entre el programa PACE y la Asociación de Emprendedores de la Región de O’Higgins (AEROH), jóvenes de distintas comunas llegarán a presentar sus ideas, a entrenar sus habilidades, a dejarse acompañar por quienes ya han recorrido un tramo del camino.

La jornada no será una clase tradicional. Será más bien un taller renacentista distribuido en cinco salas: Industria Creativa, Sostenibilidad, Emprendimientos liderados por Mujeres, Salud y Bienestar, y una sala digital moderada por la Fábrica Digital de la universidad. Cada espacio será un microecosistema, donde jóvenes construirán, debatirán y se atreverán a pensar fuera de la caja.

Pero lo más valioso ocurrirá en el cruce invisible: cuando un emprendedor experimentado escuche con atención a un joven que expone por primera vez, y recuerde su propio primer intento. Cuando ese mismo emprendedor, sin darse cuenta, comience a traspasar experiencia, pero también reciba energía, vitalidad y nuevas preguntas. Y cuando ambos entiendan que enseñar no es repetir, sino acompañar.

Porque el emprendimiento, cuando es verdadero, no es solo negocio. Es acto cultural. Es territorio compartido. Es la versión contemporánea del antiguo gremio.

Vivimos en un tiempo donde las ideas circulan con velocidad inédita. Donde la inteligencia artificial acelera procesos, pero nunca podrá reemplazar la magia de una conversación entre generaciones. Donde los jóvenes no quieren copiar modelos antiguos, sino crear los suyos. Y donde las asociaciones gremiales, como AEROH, pueden volver a ser ese puente entre lo que fue y lo que será.

En lo personal, no creo que Leonardo da Vinci estuviera hoy encerrado en un museo. Tampoco creo que estaría dando charlas en una gran ciudad. Estoy seguro de algo mucho más simple y hermoso: el 13 de agosto, estaría en la Universidad de O’Higgins, escuchando a los jóvenes con sus ideas locas, haciendo preguntas, dibujando en sus cuadernos, y compartiendo con ellos el fuego que él mismo heredó.

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